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La emigración asturiana es como la alegoría
de un "carbayu" de profundas raíces en la
"tierrina"
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El totémico árbol de origen milenario
en la "tierrina" bien podría ser el símbolo
que refleja la identidad de las Asturias interior y exterior
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Para poder explicar
de una manera alegórica no sólo el sentido de la diáspora
astur, sino la propia identidad asturiana, bien vale la idea del roble,
("carbayu" en asturiano), que es, por otra parte, un árbol
casi totémico en esta "tierrina" milenaria que tan
abundantemente ha nutrido a la emigración.
De hecho, el lema del III Congreso Mundial de Asturianía celebrado
en Gijón tuvo como lema para definir el concepto de emigración
asturiana "una carbayu que reverdez en rames nueves", prueba
de la importancia de esta alegoría arbórea y de este
árbol que tiene raíces bien agarradas al suelo astur.
Siguiendo la alegoría, podría decirse que la emigración
asturiana pionera de entre 1830 y 1930 plantó en el mundo las
raíces del carbayu de la diáspora astur.
El tronco lo formarían las instituciones que esa emigración
pionera, luego de echar raíces, fue constituyendo: asociaciones
de beneficencia, centros asturianos, etcétera.
Creciendo sin parar ese roble alegórico, sus ramas centrales
las formarían la primera generación de descendientes
de la diáspora primera, y también la segunda y tercera
oleadas de emigración astur que se produjeron en torno a los
años cincuenta del pasado siglo XX (cuando hubo una nueva gran
emigración a la América hispana), y la que tuvo lugar
en torno a los años sesenta y aún setenta a la Europa
desarrollada, es decir, a países como Alemania, Bélgica,
Francia o Suiza, una oleada ésta diferente a todas las anteriores.
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Las ramas nuevas
que reverdecen el "carbayu"
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El carbayu de la emigración asturiana
era ya adulto y fuerte cuando en las últimas décadas
del siglo XX y en estos primeros años del XXI comenzó
a dejar crecer nuevas ramas en su vetusta fronda.
Esas ramas nuevas son, por un lado, los nietos y también bisnietos
de los emigrantes pioneros y de los siguientes, muchos de ellos en
la lejanía de Argentina, Méjico, Venezuela o Cuba. Esa
ramas nuevas, es decir, esos jóvenes que no han nancido en
Asturias pero que han escuchado a sus abuelos hablar de la "tierrina"
quieren mantener viva la esencia astur en sus mentes, y hoy algunos
de ellos ya son incluso monitores de asturianía de la Escuela
formada por el Consejo de Comunidades Asturianas.
Por otro lado, y paralelamente, otra de las ramas nuevas del carbayu
de la emigración la constrituyen los integrantes de la denominada
nueva emigración asturiana, es decir, esos jóvenes sobradamente
preparados que han salido de Asturias por todo el mundo al reclamo
de ofertas de trabajo altamente cualificadas de acuerdo a su preparación
académica y profesional, o simplemente a la búsqueda
de mejores oportunidades laborales en este nuevo mundo globalizado.
Todos pertenecen al carbayu. |
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La identidad astur se construye
con los de dentro y los de fuera
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La copa del
carbayu, dentro de la alegoría, podría estar ocupada
indistintamente por aquellos emigrantes astures que lejos de la "tierrina"
que les vio nacer han conseguido en el tiempo consolidar su posición
económica en los países de acogida y propiciar generaciones
siguientes exitosas en este aspecto, los "indianos" ricos,
y también estarían en la copa los emigrantes que, desafortunadamente,
lejos de triunfar igual que los anteriores, o por enfermedad o vejez
han regresado a Asturias: son los retornados.
Todos ellos, los emigrantes pioneros, la segunda
y tercera oleada y los descendientes directos constituyen una población
en el exterior con raíces astures que supera las trescientas
mil personas, aunque hay quien dice que más bien se acercaría
al millón de personas, a los que hay que añadir, lógicamente,
triunfadores y los retornados.
Con todo y con eso, son la Asturias exterior,
tan Asturias como la interior, la "tierrina", en la que
nace el roble secular y es el origen del carbayu de la emigración
que esos paisanos emigrados han propiciado.
Este carbayu bien podría ser, pues, el símbolo de la
identidad astur, es decir, el nexo alegórico de las dos Asturias,
que verdaderamente son una sola.
Y una sola es esta Asturias que aquí se
describe, porque ambas territorios, el físico de la "tierrina"
y el sentimental y humano de la diáspora, han de darse la mano
definitivamente y cohabitar entrañablemente el mismo árbol
vital para sostenerse mutuamente, apoyando los de la "tierrina",
como se viene haciendo desde 1999, a los que están en el exterior,
y contribuyendo los del exterior, sobre todos los empresarios de origen
astur y los jóvenes sobradamente preparados, a enriquecer el
patrimonio económico y el progreso de Asturias y a engrandecer
el acervo cultural de una tierra con gran futuro, si se quiere.
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